
"¡Niebla del riachuelo! amarrado-
-al recuerdo yo sigo esperando...
-¡Niebla del riachuelo!
-De ese amor para siempre
-me vas alejando...
-Nunca más volvió,
-nunca más la vi,
-nunca más su voz nombró mi nombre
-junto a mí,
-esa misma voz que dijo: ¡Adiós

-escuchaba,
-y pensaba lo maravilloso de aquella composición,
-un tango por supuesto,
-"NIEBLAS DEL RIACHUELO"
-inquieto pues estaba acercándome a ella,
-una enigmática y bella mujer,
-que tanto desee,
-hoy era aquel día,
-sabia de su delicada juventud,
-lo cual me hacía dudar,
-sobre mis posibilidades,
-termino la música de Cobian y Cadicamo,
-un himno nostálgico de mil recuerdos,
-y de pronto llegue, sin notarlo,
-ella me aguardaba en el hall,
-subió, partimos,
-hablamos vaguedades, cenamos
-mi mirada esquiva
-no se animaba con sus piernas deseables,
-se fue haciendo la hora del regreso,
-ella perfecta y yo, ¿dónde estaba yo?
-como un rayo al llegar me invito a su Dpto.,
-subí transportado en una nube,
-torpe le cedí el paso,
-me sentía cada vez más torpe,
-desconocido,
-pero era que su aroma me embriagaba,
-preparo café, se sentó a mi lado,
-y encendió la música,
-vi sus perlas sin escuchar sonido,
-me hablaba y en un instante me abrazo,
-me lamió, me cogió,
-nunca hubiese creído este fin de fiesta,
-una casualidad pensé cuando acepto la salida,
-ahí estábamos, desnudos dispuestos a comenzar,
-húmedos, dichosos,
-entonces escuche el tango que sonaba,
-se corrió el velo, "Garúa" nos invadía, nostálgica,
-me di cuenta, ahora ella flotaba,-
-me di cuenta, ahora ella flotaba,-
-había un lugar común,
-descubrir al otro,
-escuchar la música del deseo.
-escuchar la música del deseo.









