
bebiendo el mar de Ana, me encontré repentinamente,
luego de imaginarla gozosa, en el interior de Javier,.
Me alentaba con
che bandoneón , uno de mis tangos,
dichosos mis oídos, pensaba y seguía en el recuerdo,
de aquella playa lejana, cuya restinga, todavía en mi,
no hacia mas que evocar la dicha eterna, de tu sexo,
restinga filosa, con pulpos en sus huecos, peligrosa,
húmeda, inestable para andar, pero atrayente hasta el
limite, mi frontera se corre tras mi imaginario,
y entonces suena esa frase que amo:
“bandoneón para que nombrarla tanto,no ves que está de olvido el corazóny ella vuelve noche a noche como un cantoen las gotas de tu llanto,¡che bandoneón! “ya sin fronteras, el desvelo, no se corren los
limites, la noche se hace día, ya no importa,
el húmedo océano, si no su bajamar(restinga),
el filo de la media noche, cruda, autentica, sin
saber cuando, como o por que, aquí estamos
tomando ese salitre, del recuerdo, sacando
música de las piedras ,hasta volver serás gigante
“El duende de tu son, che bandoneón,se apiada del dolor de los demás,y al estrujar tu fueye dormilónse arrima al corazón que sufre más.”Al despertar, supe que estabas ahí,
un sombra en mi cama,
tu calida geografía, te busque,
y recorrí, por tu espalda dibuje el trayecto,
sentir certero, disfrutando tus labios me duermo
y me enciendo, retomo la esquiva vigilia y el duelo,
de mi cama vacía de mi cuerpo húmedo,
entonces se que estuviste absoluta.
Suena entonces el ultimo acorde del fueye,
confirmando la vigilia, volveré a la restinga de las grutas.
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